NIKOLA TESLA: Un poco de Biografía

Nikola Tesla fue el descubridor del campo magnético rotatorio, la base de la corriente alterna que hoy ilumina el mundo; pero también el padre de tecnologías visionarias en su época como la robótica, la informática o las armas teledirigidas. Tesla disfrutó del mecenazgo de grandes prohombres que crearon sus imperios gracias en parte a los descubrimientos de Tesla para luego estafarle y dejarle solo y arruinado. Uno de los inventores más importantes de la historia, con una personalidad llena de ideales, obsesiones y trastornos, fue maltratado por gente como Edison. El hombre al que tantas veces copiaron y robaron sus ideas.



INICIO DE LA LEYENDA
El día de junio en que pisó la Oficina de Inmigración de Castle Garden, en Manhattan, ataviado con un repulido sombrero hongo y una escueta levita negra, al menos nadie confundió a Tesla con un pastor de ovejas montenegrino ni con un preso por deudas escapado de la cárcel. Ocurría esto en 1884, el mismo año en que la nación francesa le regaló al pueblo estadounidense la estatua de la Libertad. (…)

Tesla no pasó por el departamento de empleo, donde contrataban a cuadrillas de obreros para desempeñar penosas jornadas de hasta trece horas en la construcción del ferrocarril, en minas, en fábricas o como cuidadores de ganado. Ni mucho menos. Con su carta de presentación para Edison y la dirección de un conocido suyo en el bolsillo, solicitó a un policía las indicaciones pertinentes y, lleno de resolución, echó a andar por las calles de Nueva York.



Pese a que Edison era un genio, no podía decirse que fuera muy conocido en aquella época. Había puesto en marcha la Edison Machine Works, de Goerck Street, y la Edison Electric Light Company, sita en el número 65 de la Quinta Avenida. Su central eléctrica, instalada en los números 255-257 de Pearl Street, abastecía de electricidad a la zona de Wall Street y del East River. Disponía también de un enorme laboratorio de investigación en Menlo Park, Nueva Jersey, que daba empleo a numerosas personas y donde, en ocasiones, ocurrían cosas de lo más sorprendentes.

Tesla se presentó, hablando un correcto inglés con acento británico, un poco más alto de lo que tenía por costumbre en atención a la sordera que padecía Edison.
-Traigo una carta del señor Batchelor.
-¿Batchelor? ¿Algo no va bien por París?
-Todo en orden que yo sepa, señor.
-Tonterías. En París siempre hay algo que anda mal.
Edison leyó la sucinta nota de recomendación de Batchelor y soltó un bufido. Observó a Tesla con atención.
-”Conozco a dos grandes hombres, y usted es uno de ellos. El otro es el joven portador de esta carta”. ¡Caramba! ¡A esto le llamo yo una carta de recomendación! A ver, ¿qué sabe hacer usted?
Hizo un rápido repaso del trabajo que había realizado en Francia y Alemania para la Continental Edison y, antes de que su interlocutor hiciera un comentario siquiera, comenzó a describir las excelencias del motor de inducción de corriente alterna, basado en su descubrimiento del campo magnético rotatorio. Por ahí irían los tiros en el futuro, aseguró: un inversor avispado podría hacerse multimillonario.
-¡Alto ahí, amigo mío! -replicó Edison, encolerizado-. Ahórreme esos disparates que, además, son peligrosos. Esta nación se ha decantado por la corriente continua. No seré yo quien eche por tierra lo que la gente quiere. Pero quizá tenga algo para usted. ¿Sabe arreglar el sistema de alumbrado de un barco? (…)

No tardó mucho Tesla en dar con la solución para que las rudimentarias dinamos de Edison, si bien limitadas a la producción de corriente continua, funcionasen de forma más eficiente. Así, propuso un método para rediseñarlas, asegurando que no sólo mejorarían sus prestaciones, sino que se ahorrarían mucho dinero.



El astuto hombre de negocios que latía en Edison se avivó al oírle hablar de dinero. No tardó en comprender, sin embargo, que el proyecto que Tesla proponía era de gran calado y necesitaría dedicarle mucho tiempo.
-Le pagaré cincuenta mil dólares a usted solito si es capaz de llevarlo a buen término -le dijo.

Durante meses, sin apenas dormir, Tesla trabajó como un loco. Aparte de rediseñar los veinticuatro generadores de arriba abajo e introducir notables mejoras, implantó controles automáticos, una idea original que quedó registrada como patente.

EL INICIO DE LAS ESTAFAS

Las diferentes formas de ser de cada uno pesaron mucho desde el principio. Edison renegaba de Tesla, a quien consideraba un intelectual, un teórico, un erudito. Según el mago de Menlo Park, el 99% por ciento de la genialidad consistía “en prever qué cosas no iban a funcionar”.

Convencido de que la corriente continua era imprescindible para la fabricación y posterior venta de bombillas incandescentes, Edison intuía la amenaza que, para su sistema, representaba aquel extranjero tan brillante: la vieja historia de los intereses creados.

Tesla dedicó casi todo un año al rediseño de los generadores de Edison. Una vez concluida la tarea, informó a su jefe de que había culminado con éxito su empeño y le reclamó, por supuesto, los cincuenta mil dólares prometidos.

Edison retiró sus enormes zapatos negros de encima de la mesa y se le quedó mirando, boquiabierto.
-Tesla -le espetó-, ¡qué poco ha aprendido usted del humor americano!

Una vez más, la Edison Company se reía de él. Enfurecido, Tesla presentó la dimisión. Edison trató de arreglar las cosas ofreciéndole una subida de diez dólares sobre el magnífico salario que percibía, dieciocho dólares a la semana. Tesla se caló el sombrero hongo y se marchó (muy distinta es la versión del bando de Edison: Tesla le ofreció a Edison sus patentes de corriente alterna por cincuenta mil dólares, y éste las rechazó pensando que se trataba de una broma).

Tesla, cuya reputación como ingeniero iba en aumento, había recibido de un grupo de inversores la oferta de crear una empresa que llevase su nombre. No se lo pensó dos veces: todo el mundo se daría cuenta de la trascendencia del descubrimiento de la corriente alterna, un hallazgo que, según él, liberaría al género humano de innumerables ataduras.

Se constituyó, pues, la Tesla Electric Ligth Company, con sede de Rahway. En el proyecto estaba James D. Carmen.



LOS INVENTOS CONOCIDOS Y SUS PATENTES

Tras haber oído hablar de su motor de inducción, el jefe del taller donde languidecía el inventor le presentó a A. K. Brown, director de la Western Union Telegraph Company, quien no sólo estaba al tanto de lo que representaba la corriente alterna, sino que mostraba un interés personal en las nuevas perspectivas que ofrecía esta solución.

Allí donde Edison había sido incapaz de aprehender una revolución ya en ciernes o, para ser más exactos, había intuido que supondría el toque de difuntos para su proyecto de electrificación con corriente continua, Brown optó decididamente por el futuro. Respaldó la creación de una nueva empresa que también llevaría el nombre del inventor, la Tesla Electric Company, con el objetivo primordial de desarrollar el sistema de corriente alterna ideado por el serbio en un parque de Budapest, allá por 1882.

El laboratorio y las naves que ocupó un Tesla ilusionado con su nueva empresa estaban situados en los números 33-35 de South Fifth Street, a pocas manzanas de las naves donde trabajaba Edison.

Como ya tenía el proyecto acabado en su cabeza, a los pocos meses estaba en condiciones de patentar su sistema polifásico de corriente alterna, que de hecho eran tres, monofásico, bifásico y trifásico, si bien realizó experimentos con otras variantes. En cada caso, diseñó los correspondientes generadores, motores, transformadores y controles automáticos. (…)



En noviembre, Westinghouse puso en marcha en Buffalo la primera red comercial de corriente alterna de Estados Unidos; en 1887, disponía ya de más de treinta centrales operativas. Todo esto sin olvidar el sistema de corriente continua, el utilizado por la Edison Electric Company, una de las primeras empresas en entrar en liza.

Pero aún no se había dado con el motor de corriente alterna que ofreciera resultados satisfactorios. No habían pasado seis meses desde que se inauguró el laboratorio, y Tesla ya había presentado dos motores de estas características a la Oficina de Patentes y enviado las primeras solicitudes para patentar el uso de la corriente alterna.

Las noticias acerca de la inesperada actividad que se registraba en la Oficina de Patentes no tardaron en llegar a oídos de Wall Street, y a los círculos empresariales y académicos. Por indicación del profesor Anthony, el 16 de mayo de 1888, un joven serbio casi desconocido fue invitado a pronunciar una conferencia en el American Institute of Electrical Engineers.



A propósito de la disertación de Tesla, el doctor B. A. Behrend declaró: “Nunca, desde la aparición de las investigaciones experimentales sobre la electricidad, de Faraday, habíamos asistido a una exposición tan clara y contundente de una verdad experimental como un puño”.

El mensaje de Tesla llegó en el momento más oportuno. En sus patentes estaba la clave que George Westinghouse llevaba tanto tiempo buscando. El magnate de Pittsburgh, un hombre achaparrado, basto, dinámico y con bigotes de morsa, tenía una especial debilidad por ir vestido a la moda y gustos de aventurero. Como Morgan, no tardaría en enganchar su vagón privado a los trenes ordinarios que unían Pittsburgh y Nueva York, primero, y luego a los que llegaban hasta las cataratas del Niágara.

Aparte de luchador nato, como Edison, era tan cabezota como el inventor. En definitiva, los dos estaban bien pertrechados para la batalla que se avecinaba.

Westinghouse era un empresario avasallador, pero desde luego no se conformaba sólo con hacerse rico. Desde su punto de vista, el éxito en los negocios no pasaba por untar a políticos ni por darle al público lo que quería. Supo ver y comprender de inmediato el potencial que entrañaba aquel sistema, que permitiría el transporte de electricidad de alto voltaje a cualquier parte de los inmensos Estados Unidos. Como Tesla, también había soñado con sacar provecho del potencial hidroeléctrico que representaban las cataratas del Niágara.



Fue a ver al inventor a su laboratorio. Los dos, enamorados por igual de aquella nueva fuente de energía y compartiendo los mismos gustos por la pulcritud en cuanto al atuendo, hicieron buenas migas. El laboratorio y los talleres de Tesla estaban atestados de intrigantes artilugios. Westinghouse iba de uno a otro, agachándose a veces, apoyando las manos en las rodillas, para verlos más de cerca; en ocasiones alargaba el cuello y asentía con gesto de satisfacción al escuchar el leve zumbido de los motores de corriente alterna. No le hicieron falta demasiadas explicaciones.

Se dijo entonces, aunque lamentablemente no disponemos de documentación al respecto, que el empresario se volvió para mirar a Tesla y le ofreció un millón de dólares más un porcentaje por los derechos de todas las patentes de corriente alterna que había registrado a su nombre.

Caso de ser cierto, el inventor debió de declinar la oferta, porque en los archivos de la empresa consta que Tesla recibió unos sesenta mil dólares de la compañía Westinghouse por cuarenta patentes, cantidad que quedó desglosada en cinco mil dólares en metálico y ciento cincuenta acciones de la sociedad. Sin embargo, en los archivos de la empresa también figura que recibiría dos dólares y medio por cada caballo de potencia mecánica generado gracias a la electricidad que se vendiese.

A la vuelta de unos pocos años, tales porcentajes llegaron a representar una suma de dinero tan considerable que dieron lugar a un singular problema.

Así que aceptó el trabajo de asesor en la Westinghouse para adaptar su sistema monofásico, a cambio de un salario de dos mil dólares mensuales. Aquellos ingresos extra le venían de perlas, pero le obligaban a trasladarse a Pittsburgh en el preciso momento en que empezaba a recibir invitaciones de las cuatrocientas mayores fortunas del país. De mala gana, pues, se mudó.

Como era de temer, un sistema tan novedoso no dejaría de plantear dificultades. La corriente de 133 hercios que se utilizaba en la Westinghouse no era la adecuada para el motor de inducción de Tesla, pensado para una frecuencia de 60 hercios. De no muy buenas maneras, así se lo expuso reiteradamente a los ingenieros de la empresa, haciéndoles ver que estaban equivocados. Sólo después de realizar vanos y costosos experimentos durante meses, los técnicos se avinieron a seguir sus indicaciones, y entonces el motor funcionó tal y como estaba previsto. A partir de ese momento se adoptó la frecuencia de 60 hercios para la corriente alterna.

EL FINAL: LA ENVIDIA DE EDISON

Cuando se enteró del acuerdo al que habían llegado Tesla y la Westinghouse para el desarrollo del sistema de corriente alterna, Edison se sintió dolido en lo más hondo. Por fin, las trincheras quedaban nítidamente delimitadas. Pronto puso en marcha su maquinaria propagandística de Menlo Park, y comenzó a imprimir y distribuir soflamas incendiarias sobre los supuestos peligros que entrañaba la corriente alterna. Siguiendo las consignas de Edison, caso de que no se diera ninguno, había que provocar accidentes achacables a la corriente alterna y advertir al público del riesgo que corría. En la guerra de las corrientes no sólo entraban en lid las fortunas invertidas en el sector, sino también el amor propio de un genio egocéntrico.

Aparte de la virulenta campaña que orquestó en periódicos, folletos y boca a boca, Edison puso en marcha las reuniones de los sábados, sólo aptas para informadores de buen temple: allí presenciaban cómo los aterrados perros y gatos, que los niños habían retirado de la circulación, eran arrastrados hasta una placa de metal unida por unos cables a un generador de una corriente alterna de mil voltios.



Extracto de el libro de Margaret Cheney “Nikola Tesla: el genio al que robaron la luz”, en el que desvela la personalidad del olvidado creador de los generadores de corriente alterna, el hombre al que tantas veces copiaron y robaron sus ideas.


Fuentes: http://ibucs.wordpress.com/2010/06/28/nikola-tesla-el-genio-al-que-le-robaron-la-luz-margaret-cheney-resena/
El País.com

Los Nudos de Corbata

Hace tiempo que estoy muy interesado por el tema de los nudos de corbata; es una prenda que me apasiona.

Me apasiona tanto que antes de ir al ejército, ya sabía hacer 4 tipos diferentes de nudos. Al llegar al ejército, me convertí en el “hacerdor de nudos de corbatas” de la compañía; cada dos por tres tenía que hacerle el nudo de corbata a algún compañero, que este lo guardaba “montado” en la percha de su taquilla durante un par de meses (o hasta que alguna chica del pueblo se lo deshacía). Aunque cada vez era más difícil hacer nudos en esas corbatas, ya que al colgar con el nudo hecho, arruga una barbaridad la corbata.

Hacer nudos de corbata y que te salgan medianamente decentes, no es cuestión de comprar la corbata con nudo y que se engancha con goma (invento Norteamericano donde los haya, para los que no les gusta la corbata), sino de que alguien te diga alguna vez como se hace y, después, practicar mucho, primero delante de un espejo y después sin el espejo, para acostumbrar a tus dedos a realizar un acto automatizado, de los muchos que hacemos durante el día, como por ejemplo aporrear las teclas de nuestro teclado del ordenador, que al final sabemos donde están las teclas, no porque sepamos donde están, sino porque nuestra mente ya ha aprendido a mover los dedos en la posición adecuada, tal como estemos pensando las letras que deben ir para esa palabra. Un complejo mecanismo de automatización que posee nuestro complejo cerebro.



En este artículo no pretendo hablar de lo complejo que es el ordenador que llevamos los seres humanos sobre nuestros hombros, no. El objetivo de este artículo es el de enseñar a realizar algunos nudos de corbata.

¿El motivo? Últimamente veo fotos de jugadores que se presentan a ReV’s o a reuniones de recreacioners históricas actuales con traje y corbata… Bueno, mejor dicho, con traje y un trozo de tela en el cuello que está anudado como un trozo de cuerda, como para que no se pierda el pantalón y se lo átan al cuello de la cabeza. Y Que mejor que EUROPE 1900, como motivo de ir bien vestido a los eventos.


Un poco de historia de la corbata

La corbata es esencialmente una tira de tela, por lo general hecha de seda, que se anuda alrededor del cuello con fines únicamente estéticos.

La corbata posee una historia de más de 2200 años como adorno masculino. Hizo su aparición en la dinastía Quin, en China, hacia el año 200 a.C., cuando fue implementada para distinguir a la guardia personal del primer emperador chino Shih Huangdi –el mismo que tuvo la peculiar idea de hacerse acompañar por toda la eternidad por réplicas en terracota de su ejército de 7500 soldados –. Tal como se puede observar en los soldados de Terracota, estos se anudaban una larga tira de tela, supuestamente de seda alrededor de sus cuellos, como símbolo de distinción y de pertenencia al cuerpo de élite del ejército.



Así mismo los legionarios romanos usaban distintos tipos de corbatas bajo su armadura de acuerdo a su rango y prestigio. Pero no solo fueron los militares los precursores de este elemento distintivo, también lo usaban los oradores romanos para mantener caliente su garganta y proteger su voz.



Pero el origen de la corbata moderna viene de otra costumbre militar. Hacia 1635 un regimiento de mercenarios croatas a servicio del imperio Austro Húngaro se exhibió ante el rey de Francia Luis XIV para prestarle su apoyo. Ellos llevaban pañuelos de lino y muselina entorno al cuello que llamaban hrvatska (Croacia en croata). Los franceses, siempre entusiastas de la moda, no tardaron en implementar esta novedosa prenda en su vestuario. Así aparecieron las primeras corbatas de encaje y lino anudadas al centro y con los extremos largos y flotantes llamadas cravates, en honor a los croatas que iniciaron esta moda. El Rey sol llegó incluso a tener un corbatero real que confeccionaba un popurrí de corbatas para combinar con cada uno de los conjuntos del guardarropa real. Esta moda se extendió a Inglaterra en 1660 gracias al regreso del Rey Carlos II de Inglaterra, quien había estado exiliado en la corte francesa. Carlos II hizo de la corbata una prenda obligada en la corte.



De ser una prenda que a finales de S XVII se usaba como indicador de status social, pasó a convertirse en un símbolo político, durante la Revolución Francesa, ya que el revolucionario la llevaba negra mientras que el contrarrevolucionario la usaba blanca.

En Inglaterra la moda de la corbata se popularizó tanto, que los nudos y corbatas recibían los nombres de personajes famosos y de lugares elegantes, como por ejemplo Windsor, o el hipódromo de Ascot. Básicamente esto paso debido a que entre fines del siglo XVIII e inicios del XIX, el traje del hombre se había simplificado notablemente, por lo que la corbata era quien ponía la diferencia, no sólo de status, sino una forma clara de poder destacar como persona influyente entre el resto de congéneres, pero con nombre propio, consiguiéndose mediante las elaboradas formas de anudarla.



En 1827 se publica en París "L'Art De Se Mettre La Cravatte”, con un prólogo atribuido a Honoré de Balzac, quien decía: “el espíritu de un hombre se adivina por su forma de llevar el bastón o de anudarse la corbata, que además es la única prenda que abriga la individualidad.” En este libro se pone de manifiesto la importancia de esa prenda, con la descripción de 22 formas distintas de anudarse la corbata.

La obsesión por el nudo perfecto llevó gradualmente a que se adoptaran nuevamente, a mediados del siglo XIX corbatas más exageradas y ostentosas que indicaban el rango de su portador. Los artistas empezaron a usar la corbata Lavalliere, que era una corbata bien ancha y floja con dos extremos iguales, en géneros coloridos que salían del habitual gris, blanco y negro de las corbatas. Charles Dickens lucía vistosas corbatas en rojo, verde, violeta en todas sus apariciones públicas. Empezaron a verse corbatas en todo tipo de materiales: algodón, sedas rayadas, satén, tafeta, lana y brocado.

Con la reducción de las dimensiones del cuello de la camisa, para anudar la corbata, se hacía un sólo giro alrededor del mismo. Las precursoras de las corbatas tal y como las conocemos hoy día, son las que se usaban en clubes y colegios británicos y en 1880, se creó la primera corbata del club con los colores del mismo, ya que se ataban las cintas de los sombreros, alrededor del cuello. Así, la idea se fue propagando a otros clubes, universidades y colegios. Entre los más personajes más destacados de la época que hicieron culto de su uso se encuentran el escritor Oscar Wilde que acuñó la célebre frase “Anudarse bien la corbata es el primer paso importante que un hombre debe dar en la vida”.

En el 1900 la corbata se populariza entre el público femenino. Esto se debe a la incursión de las mujeres en el mundo deportivo, en deportes como la equitación, la náutica, el tenis y el golf, donde la corbata era parte de la indumentaria obligada. Y en 1926, un inventor de Nueva-York, tuvo la idea de cortar la corbata en la tela de manera diagonal (hasta ese entonces se cortaban rectas). A partir de ese momento, nace la corbata moderna.



Tras la Segunda Guerra Mundial empezó un verdadero culto por las corbatas. En los años cincuenta ningún hombre se considera bien vestido si no lleva una corbata. En las últimas décadas del siglo XX la corbata conoció diversas transformaciones en color y diseños, se estrechó para luego recuperar su silueta tradicional. En los años 70s se utilizaron muchas corbatas en cuero y se pusieron de moda los motivos figurativos y las corbatas se hicieron más extravagantes y coloridas que sus predecesoras. Durante los años 80s se ensanchó la corbata de manera significativa agregando una quincena de centímetros. En los 90s se pusieron de moda las corbatas un poco más angostas y con estampados florales y bien coloridos.

En la década del 2000 se ha vuelto a convertir en un símbolo de status, riqueza y buen gusto, llevando corbatas de importantes diseñadores.

Hoy en día la corbata sigue siendo uno de los principales signos de elegancia. Su valor estético en la indumentaria masculina es precioso, pues añade estilo, elegancia, color y textura a la típicamente austera vestimenta masculina. Este simple trozo de tela puede además ser rotundo a la hora de reflejar de forma bastante precisa la personalidad de quien lo lleva. Los colores utilizados, los estampados, y hasta el nudo pueden revelar mucho más de lo que nos podemos imaginar acerca de quien la usa. No podemos negar que este accesorio indispensable del armario masculino reafirma todos los días su identidad y valor en el mundo de la moda. A sus más de 2000 años le queda aún mucho por dar.


Nudos de corbata

* El nudo simple o four in hand o francés
* El nudo doble simple o inglés
* El nudo Windsor
* El nudo medio Windsor
* El nudo pequeño
* El nudo cruzado

El nudo Simple o Four in Hand o nudo Francés

El nudo simple es el gran clásico de los nudos de corbata. Es sin duda el más utilizado debido a su simplicidad y porque se combina con la mayoría de las corbatas y con casi todos los cuellos de camisa. Es el nudo perfecto para los hombres de talla mediana.
En forma cónica alargado, el nudo simple resulta estrecho con corbatas finas y más ancho con corbatas gruesas.
Preparación: Suba el cuello de su camisa, cierre el botón y reajuste su corbata.
Los hombres de talla mediana pondrán la parte pequeña de la corbata a nivel de la cintura. Los hombres con bustos cortos preferirán el nudo doble cuya forma es similar.

Las etapas :



Etapa 1 : Por debajo del cuello, cruzar la parte ancha sobre la parte estrecha un poco más abajo del cuello.
Etapa 2 : Deslizar la parte ancha por debajo de la parte estrecha.
Etapa 3 : Doblar la parte ancha por encima de la parte estrecha.
Etapa 4 : Pasar la parte ancha por arriba detrás de la corbata colocando su dedo índice sobre el nudo que se está formando. Retirar el dedo y deslizar la parte ancha en el interior del nudo.
Etapa 5 : Mantener la parte estrecha, enseguida delicadamente tirar la parte ancha para cerrar el nudo. Ajustar el nudo, luego subirlo hasta el último botón del cuello.

Una vez que el nudo está hecho, la parte estrecha no se debe ver y la extremidad de la parte ancha debe situarse a nivel de la cintura.


El nudo doble

El nudo doble es muy parecido al nudo simple, se distingue por su segundo enrolle, al comenzar la parte ancha se pasa dos veces entorno a la parte más estrecha.
Con un aspecto más grueso que el nudo simple, el nudo doble se combina de manera ideal con casi todas las camisas. Igualmente es perfecto con casi todas las corbatas menos con las demasiado gruesas.
Preparación : Deslizar su corbata alrededor del cuello después de haber cerrado el último botón y subido el cuello de su camisa.
Las dos partes de la corbata se colocan de manera asimétrica. La parte más ancha se deja más larga que la parte más estrecha de la corbata.

El nudo doble en 4 etapas :



Etapa 1 : Debajo del cuello, pasar una primera vez la parte ancha entorno de la parte estrecha (ver etapa 1 a 3 del nudo simple).
Etapa 2 : Pasar una segunda vez la parte ancha entorno de la parte estrecha.
Etapa 3 : Alzar la parte ancha hacia arriba por debajo de la corbata y deslizarla en el nudo formado por la primera o segunda rotación.
Etapa 4 : Por fin ajustar le nudo obtenido, subirlo y centrarlo en el medio del cuello.



El nudo Windsor

El nudo Windsor es el nudo para ocasiones especiales. Muy inglés, su nombre proviene del Duque de Windsor quién lo popularizó.
Al ser voluminoso, se debe realizar con preferencia en cuellos amplios, como los cuellos italianos o los cuellos Windsor.
A veces complejo de realizar, para obtener con éxito este nudo, éste debe caer entre las dos partes del cuello y esconder el último botón de la camisa.
Preparación : Deslizar su corbata alrededor del cuello después de haber cerrado el último botón y subido el cuello de su camisa. Las dos partes de la corbata se colocan de manera asimétrica. La parte más ancha se deja más larga que la parte más estrecha de la corbata.

Las etapas :



Etapa 1 : Cruzar la parte ancha sobre la parte estrecha. Mantener el cruce, y al lado, hacer una hebilla subiendo la parte ancha bajo la corbata y doblándolo.
Etapa 2 : Traer la parte ancha hacia el otro lado bajo del cruce. Hacer otra hebilla subiendo la parte ancha sobre la corbata y doblándolo.
Etapa 3 : Pasar de manera horizontal la parte ancha sobre la parte estrecha.
Etapa 4 : Pasar de manera vertical la parte ancha bajo la corbata, estirarla y deslizarla por la parte ancha de la hebilla.
Etapa 5 : Mantener la parte estrecha, tirar delicadamente sobre la parte ancha para reajustar la corbata ; centrar el nudo arriba y al medio del cuello.

El medio Windsor

El nudo medio Windsor se parece al nudo Windsor pero a la vez es menos grueso y más fácil de realizar.
Se acomoda idealmente con corbatas finas o poco gruesas. Elegante y triangular, se prefiere llevar con una camisa de cuello clásico o con una camisa con cuello abierto.
Preparación : Poner su corbata alrededor del cuello. Los de talla mediana pondrán la parte estrecha de la corbata bien arriba de la cintura.

El medio Windsor se realiza en 4 etapas :



Etapa 1 : Cruzar la parte ancha sobre la parte estrecha. Mantener el cruce, y al lado, hacer una hebilla subiendo la parte ancha bajo la corbata y sacándola.
Etapa 2 : Pasar la parte ancha horizontalmente por detrás, luego por delante de la parte estrecha.
Etapa 3 : Agarrar el cruce, pasar verticalmente la parte ancha bajo la corbata y deslizarla en la hebilla.
Etapa 4 : Mantener la parte estrecha. Tirar la parte ancha para formar el nudo. Deslizarlo hasta el último botón del cuello de la camisa y centrarlo.

Al terminar el nudo, la parte estrecha no se debe ver y la extremidad de la parte ancha debe situarse a nivel de la cintura.

El nudo pequeño

El nudo pequeño, como su nombre lo indica, es pequeño y conviene particularmente a las corbatas gruesas y a los cuellos ajustados. Se debe evitar con las camisas con cuellos largos y amplios.
Bastante fácil de hacer aunque necesite un “trenzado” de 180º, el nudo pequeño es la fórmula más simple para realizar un nudo de corbata. (ver el esquema de aquí abajo).
Preparación : Poner su corbata al derecho y dar una vuelta a la parte ancha de 180 grados (ver el esquema aquí arriba) O para evitar la "trenza", deslizar simplemente alrededor del cuello su corbata al revés. La parte ancha se deja más larga que la parte estrecha.

La realización de un nudo pequeño se realiza en 4 etapas :



Etapa 1 : Bajo el cuello, colocar la parte ancha bajo la parte estrecha.
Etapa 2 : Pasar enseguida la parte ancha por encima de la parte estrecha.
Etapa 3 : Mantener la hebilla pasando la parte ancha por debajo y hacia arriba. Estirar la parte ancha y deslizarla en la hebilla.
Etapa 4 : Por fin ajustar el nudo con la corbata y luego subirlo.

Para que el nudo sea perfecto, el último botón de la camisa y la parte estrecha de la corbata se deben esconder.

El nudo mariposa

Al igual que el nudo clásico, el nudo mariposa posee múltiples variaciones en colores y en motivos.
En general negro, el nudo mariposa se lleva con un smoking negro y una camisa blanca con cuello pajarita ; también se puede llevar de manera más relajada con un traje y una camisa de cuello amplio.
Las etapas del nudo mariposa :



Etapa 1 : Colocar alrededor del cuello las dos partes, una más baja que la otra.
Etapa 2 : Alrededor del cuello, cruzar la parte larga sobre la parte más corta.
Etapa 3 : Deslizar la parte larga hacia arriba por debajo de la mariposa.
Etapa 4 y 5 : Formar las dos alas de la mariposa plegando de manera horizontal la parte más corta.
Etapa 6 : Doblar la parte larga sobre la parte delantera del nudo que se forma.
Etapa 7 : Enseguida esconder la parte larga bajo la parte doblada.
Etapa 8 : Por fin ajustar la mariposa tirando las dos alas.


El mantenimiento de la corbata

Una corbata tiene dos defectos mayores : se mancha y se arruga. Para dar una larga vida a su corbata preferida, se le recomienda poner mucha atención a lo siguiente.

Para evitarle salpicaduras y manchas, debe protegerla al cenar pero también cuando vaporiza su perfume.

En caso de torpeza sobre una corbata de seda, le será muy difícil encontrar un remedio sin dejar manchas. Lo mejor será llevarla de manera urgente donde un tintorero que sabrá utilizar los productos adecuados.

Fuera de las manchas, el enemigo que hay que combatir es el pliegue sin gracia. En efecto en la mayoría de los casos las corbatas no soportan bien las planchas. Más vale entonces tratar de estirarla con dulzura suspendiéndola algunos días en su colgador para corbatas.

De manera evidente, lo mejor es no arrugarla y para ello, existe una astucia: el nudo debe ser ligero para evitar las arrugas.
Una vez que se saca la corbata, se debe suspender sin nudo; también se puede enrollar o poner simplemente en plano horizontal.

Si usted lleva una corbata de viajes, enróllela en una caja rígida o mejor invierta en un estuche para corbatas.


Normas Básicas para llevar correctamente una Corbata

Estas normas son las que la buena estética de llevar corbatas marca para el uso de las mismas. Evidentemente cada portador de corbata podrá o no regirse por estas normas, para poder destacar sobre el resto de contertulios, pero no es aconsejable transgredir un numero elevado de ellas a la vez, porque de pasar a destacar, puede quedar en ridículo y ser considerado hortera (a menos que eso es lo que quiera conseguir, claro está)

- La corbata nunca debe sobrepasar la cintura del pantalón. No debe asomar por encima del cinturón ninguno de sus extremos.
- La parte más estrecha de la corbata, no debe verse nunca por detrás de la parte ancha.
- Los nudos de la corbata deben estar siempre apretados y ajustados al cuello, de forma que no sea vea el botón superior de la camisa. Conviene llevarlo abrochado.
- No iguale el dibujo de la camisa con el de la corbata. Por regla general, con sus excepciones, a camisas estampadas corbatas lisas y a camisas lisas corbatas estampadas.
- Evitar, al menos en actos muy importantes, utilizar camisas de botones al cuello con las corbatas. Son mucho más elegantes las camisas sin botones en en los cuellos.
- No utilice nudos grandes con cuellos de camisa pequeños y viceversa.


(Fuentes: http://flordecamalote.blogspot.com/2011/02/historia-de-la-corbata-con-un-nudo-al.html, http://www.taringa.net/posts/hazlo-tu-mismo/9624839/Super-Megapost-de-nudos-de-corbata.html y http://guia.mercadolibre.com.ar/todo-sobre-corbatas-historia-tipos-y-elegir-mejor-corbata-5711-VGP)

El Telekino, el primer control remoto de la historia

Impresionante información sobre un sistema de control remoto, con el que se consiguió manejar un barco no tripulado a distancia, y patentado en 1903.

Por JJ Velasco | 4 de julio de 2011, 20:46

Telekino imagen 400x300 El Telekino, el primer control remoto de la historia

En esta época en la que vivimos nos hemos acostumbrado a ver aviones que vuelan sin piloto o coches que circulan sin conductor, auténticas proezas de la ingeniería que superan cualquier cosa que nos pudiésemos imaginar hace quince o veinte años. En un mundo en el que el control remoto es algo habitual y está bastante asentado en nuestro modo de vida, el origen de éste no es nada conocido, el Telekino, y mucho menos el nombre de su inventor, Leonardo Torres Quevedo.

Leonardo Torres Quevedo (1852-1936) fue un ingeniero de caminos, matemático e inventor español que dedicó gran parte de su vida a la invención en los campos de la aeroestática, las máquinas de cálculo o los transportes colgantes como los funiculares. En su lista de logros podemos encontrar la primera patente que se conoce del puntero láser (el puntero proyectable, patente 116770), el Spanish Aerocar, un transbordador suspendido que cruza las cataratas del Niágara y que sigue funcionando desde 1913, o El Ajedrecista (1912), una máquina que jugaba al Ajedrez contra los humanos (de manera autónoma) y de la que decían que siempre ganaba. Pero si hay un invento por el que recordamos especialmente a Torres Quevedo es por el Telekino, el primer control remoto por radiofrecuencia de la historia.

Torres Quevedo dedicó parte de su trabajo a la aeroestática, es decir, a los dirigibles y globos; y, lógicamente, para cualquier tipo de prueba necesitaban un piloto de pruebas que, si todo salía mal, podría morir en el intento. Con el fin de poder realizar pruebas y minimizar los riesgos, ideó, entre 1901 y 1902, un sistema de control remoto. El Telekino (cuyo nombre significa movimiento a distancia) era un autómata que ejecutaba órdenes transmitidas a través de ondas de radio y que era capaz de gobernar sistemas electromecánicos. En 1903, Leonardo Torres Quevedo presentó el invento en la Academia de Ciencias de París mediante una memoria descriptiva y una demostración experimental, lo cual le permitió patentarlo en España, Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos.

Según la patente, el Telekino se definía como:

Consiste en un sistema telegráfico, con o sin cables, cuyo receptor fija la posición de un interruptor que maneja un servomotor que acciona algún tipo de mecanismo

¿Y por qué es importante el Telekino? Bueno, además de ser el primer control remoto de la historia fue uno de los primeros sistemas en introducir una codificación digital, es decir, on-off. Tomando como base el funcionamiento del telégrafo, las órdenes se transmitían como un conjunto de símbolos binarios.

A partir de ahí trabajó en el sistema para perfeccionarlo y fabricar un prototipo final, lo cual le llevó a aplicarlo al control remoto de pequeños botes en la costa de Bilbao donde realizó varios experimentos entre 1904 y 1905, hasta que el 6 de septiembre de 1906 realizó una demostración, ante una multitud de gente (incluyendo el rey Alfonso XIII) donde maniobró a distancia un bote en el puerto de Bilbao. Tras el éxito de la demostración, Torres Quevedo intentó aplicar el Telekino al mundo militar, concretamente, para el control de proyectiles y torpedos, pero la falta de financiación le hizo abandonar el proyecto y el Telekino cayó en el olvido.

Telekino2 El Telekino, el primer control remoto de la historia

Desgraciadamente, el Telekino nunca fue utilizado más allá de las pruebas realizadas por Leonardo Torres Quevedo, ni tan siquiera en el campo de la aeroestática y mucho menos en el campo militar. La próxima vez que veamos un UAV volar, recordemos que el primer vehículo no tripulado del mundo fue un barco que navegó por el puerto de Bilbao a principios del siglo XX controlado por un Telekino. Por cierto, el Telekino fue reconocido en 2006 por el IEEE como uno de los grandes hitos de la ingeniería a nivel mundial.